La historia de Longina de Manuel Corona



No le conocí aunque me hubiese gustado. Como tampoco conocí a Longina O’Farril –aquella hermosa mujer negra que en 1918, en casa de María Teresa Vera, inspiró una de las canciones más bellas y sublimes de la historia de la música popular cubana. Hablamos de un trovador, Manuel Corona; y hablamos de su inmortal canción, Longina, convertida en clásico cubano e interpretada, a lo largo de sus más de 90 años de existencia, por generaciones de artistas de todas las épocas.


Contemporáneo y amigo de otros grandes, Sindo Garay, Rosendo Ruiz, Pepe Sánchez, María Teresa Vera, Manuel Corona nació el 17 de junio de 1880 en Caibarien, cuidad de pescadores de la costa norte de Cuba.

Sus apuntes biográficos hablan de que a los 11 años se mudó junto a su familia a la capital del país, donde trabajaría como tabaquero, aunque su sueño de ser músico pronto tomaría forma.

Dicen también que de muy joven viajó a Santiago de Cuba y allí dio sus primeras brazadas trovadoras. Incorporado a la bohemia artística del oriente, las crónicas hablas de su encuentro del mítico Pepe Sánchez, considerado el padre del bolero, quien al escucharlo cantar, acompañado de su guitarra, dicen que llegó a vaticinarle: “Tú serás algo notable, Corona”.

Y así fue. Hoy Manuel Corona forma parte, junto con Sindo, Rosendo Ruíz y Alberto Villalón, de los cuatro grandes de la Vieja Trova, aunque dentro de ella podría incorporarse otros muchos nombres.

Ya de vuelta a la Habana, Corona se incorporó a la bohemia artística de la convulsa capital cubana de principios de siglo. Una Habana donde los trovadores, tríos y cuartetos soneros pasaron, de los cafés y bares de los barrios, a adueñarse de los salones de bailes populares y acomodados, en los que, hasta entonces, el Danzón, era la estrella protagonista.

Y Corona, entre ellos, creciendo, creando, componiendo, recorriendo bares, cafés y teatros... Su canción "Mercedes" lo elevó en 1908 a la popularidad. Después vendría muchas otras: "Santa Cecilia", "Las flores del Edén", "Aurora"Y compuso también danzones, tangos y reconocidísimas guarachas: ”El servicio obligatorio”, “La Choricera” o “Acelera, Ñico, acelera”. Hasta llegar a"Longina" , su más inmortal composición.




LONGINA MUJER INSPIRÓ LA CANCIÓN

Algunos escritos hablan de que la historia de esta canción se inició en 1918 cuando una bellísima mujer de ébano, Longina O’Farril, conoció a Manuel Corona en el solar Las Maravillas, donde vivía María Teresa Vera.

“Ella nos presentó, y un rato después Corona me dijo que iba a escribir la canción. La verdad es que yo no pensé que fuera a hacerlo, pero en ese momento tomó el papel y puso los versos”, contó la joven en su momento”, recordó ella en su momento.

Dos meses después ya estaba lista la canción. En un nuevo encuentro en casa de la trovadora, el 15 de octubre de 1918, Corona se la entregaría. Y allí sería donde María Teresa Vera la interpretaría por vez primera.

¿Pero realmente Corona se enamoró de Longina? Qué más da, aunque para los que quieran alguna respuesta, parece ser que sus protagonistas lo negaron en su momento. La mujer, ya anciana, confesó en una entrevista: “Yo sé que esto va a desilusionar a mucha gente. Porque la gente ve siempre detrás de una música o de una letra alguna pasión desatada. Y si Corona la sentía por mí, estoy segura de que no era desatada. Nunca me lo demostró…”.

María Teresa Vera, íntima del trovador, mantuvo también esa versión: “Se han dicho muchas falsedades acerca de Longina, incluso que Corona estuvo enamorado de ella… A Longina le dedicó su canción por simpatía o admiración, nada más”.

Lo que sí se puede decir con certeza es que Longina-Canción hizo grande a Corona y éste inmortalizó a Longina-Mujer, una dama que de indudable belleza, según los versos de la canción.

MUERTO EN EL OLVIDO Y LA POBREZA

Dicen las crónicas que Corona murió enfermo, entregado a la bebida y en el olvido de un cuarto trastero del bar Jaruquito de Marianao.

Dicen que a su entierro solo fue un puñado de amigos: Sindo Garay, Rosendo Ruiz, Pancho Majagua, Tata Villegas, Gonzalo Roig (que despidió el duelo), entre ellos.

Dicen que los conductores de ómnibus de la ruta 32, tuvieron que hacer una colecta para poder velar sus restos en una funeraria, antes de darle entierro en el cementerio de Marianao.

Todo ello ocurrió el 9 de enero de 1950, hace ya casi sesenta años.

Sus restos permanecieron en ese cementerio habanero, hasta que, en 1968, con enorme ruido y generosos fastos, sus restos fueron trasladados al cementerio de su pueblo natal, de Caibarién.

Allí descansa ahora. Un pequeño osario guarda sus restos.

Años después, Longina fue enterrada en su natal Madruga. En 1988, sus restos se trasladaron a Caibarién, junto al trovador que la hizo inolvidable.

Con Manuel Corona se cumplió lo que muchas otras veces fue ya escrito: Vivos, se les olvida; muertos, se les ensalza.

Con Manuel Corona uno saborea la belleza unida al ritmo, la armonía y la palabra que rinde pleitesía a la mujer cubana.


LONGINA

En el lenguaje misterioso de tus ojos
hay un tema que destaca:
sensibilidad.
En las sensuales líneas de tu cuerpo hermoso
las curvas que se admiran despiertan ilusión.

Y es la cadencia de tu voz tan cristalina,
tan suave y argentada
de ignota idealidad,
que impresionada por todos tus encantos,
se conmovió mi lira y en mi la inspiración.

Por ese cuerpo orlado de belleza
tus ojos soñadores y tu rostro angelical
por esa boca de concha nacarada
tu mirada imperiosa y tu andar señoril.

Te comparo con una santa diosa
Longina seductora cual flor primaveral
ofrendándote con notas de mi lira,
con fibras de mi alma, tu encanto juvenil.
(1918)