Olga Guillot - Vete de mí (bolero) Virgilio-Homero Expósito - Orquesta Humberto Suárez, 1959


René Espí.
El 10 de octubre de 1922 la señal de la PWX (de la Cuban Telephone Company) inauguraba oficialmente la era de la radio en la isla. Con el variado programa artístico presentado ese día memorable la música prometió ser el eje esencial que vertebraría las futuras programaciones (...) Ver Vídeo


 



Sin embargo en un país de tan rica producción musical, con una industria fonográfica nacional inexistente, eran Columbia, Brunswick y Victor (poderosos emporios discográficos norteamericanos de la época) los que incorporaban a sus catálogos lo más sobresaliente, musicalmente hablando. Esta situación se mantuvo durante las cuatro primeras décadas del siglo XX. A pesar de los tímidos atisbos de algún que otro empeño discográfico, como el sello STAR, no fue hasta 1944 que el ingeniero de sonido Ramón Sabat fundó el que es considerado como el primer sello cubano: PANART.

Este era el panorama que encontraban las nuevas promesas como Olga Guillot en el ambiente musical de los años treinta. Ante la imposibilidad de llegar a los discos contaban al menos con un medio de difusión como la radio cuyo alcance no era del todo despreciable teniendo en cuenta que las señales de emisoras como CMQ o RHC Cadena Azul cubrían buena parte del continente latinoamericano, y para finales del treinta operaban, sólo en la capital de la república, más de cuarenta plantas de radio.

En 1938 un concurso de aficionados emitido por la célebre CMQ -emplazada por esos años en las calles de Monte y Prado- obtenía muchísima audiencia. Haciendo un acoplado dúo junto a su hermana Ana Luisa, Olga debutó en la célebre 'Corte suprema del Arte'.
La rigurosidad de este certamen muy pronto se hizo célebre por el uso de una campana que el jurado hacía sonar a los concursantes que fallaran durante su presentación. Casi todos los cantantes que se convirtieron en estrellas de la música popular en años posteriores debutaron en la Corte Suprema: Celia Cruz, Elena Burke, Tito Gómez, Carlos Embale, son sólo algunos nombres que ilustran la importante huella de ese mítico concurso radial. Como muchos de sus contemporáneos fue a través de la radio que Olga Guillot comenzó a llamar la atención.

Con innegables cualidades vocales recibió clases de canto de una reconocida figura del canto lírico cubano de principios del siglo XX: Mariano Meléndez, pero, probablemente quien más influyó en su estilo fue Hortensia Cohalla, una de las voces predilectas del gran Ernesto Lecuona.

El decir de la Guillot nunca estuvo del todo exento de la influencia lírica de la Cohalla, y esto se puede apreciar sobre todo en su debut en discos Panart en 1946, con el respaldo de la orquesta SwingMakers, y en 1954, cuando realmente colocó sus primeros grandes éxitos, como parte del staff artístico del sello Puchito de Jesús Gorís. En su formación fue muy importante la compositora, arreglista, repertorista y pianista: Isolina Carrillo.

Después de una temporada presentándose en Mil Diez, (importante emisora que en 1944 oxigenaba el éter con las propuestas musicales de los 'Tres Grandes': Arsenio Rodríguez, Arcaño y 'Melodías del 40') en 1945 la voz de la Guillot pasó a escucharse en las ondas azules de la RHC que emitía 'en directo' el show artístico presentado por el famoso cabaret habanero: 'Zombie Club'.
En Cadena Azul, integró el cuarteto vocal 'Siboney' organizado por la Carrillo. Era la época de oro del swing y el bebop y esta importante corriente permitió que en el espectro vocal cubano surgieran formaciones similares a las que aparecían en los grandes musicales producidos por Hollywood. Bajo este influjo se fundaron, entre otros, el cuarteto de Orlando de la Rosa (donde debutaron Elena Burke, Omara Portuondo y Aurelio Reinoso) y más tarde el cuarteto D'Aida --creado en 1952 por la directora coral y pianista Aida Diestro- considerado el máximo exponente de este tipo de alineación de los cincuentas.

Temperamental y con absoluto dominio del escenario, transformando la canción con sus dotes histriónicas, completó una carrera extensísima donde destacó por el inmenso poderío del corazón puesto en función de un estilo que la sabiduría de los años moldeó ante los públicos más diversos.

Hizo suyas, con su decir personalísimo, infinidad de canciones. Se ganó con su arte el aplauso y el reconocimiento en todo el mundo, convirtiéndose en emblema imprescindible de la canción romántica.
Sentimental -como todo lo que cantó- y cubana hasta la médula, hasta el final de sus días la animaron los inmensos deseos de regresar a su tierra y contemplarla verdaderamente libre e independiente. Por eso quiero imaginar que su alma, definitivamente libre, alzó vuelo este 12 de julio de 2010 para acompañar y abrazar por siempre la isla de sus mayores anhelos.